Como muchos chicos argentinos en los últimos años, Antonio nació en el seno de un matrimonio homosexual; pero sus mamás, que viven en Mar del Plata y están juntas desde hace más de una década, no querían dejar afuera al padre biológico al inscribir al bebé. Dado lo particular de su proyecto de familia, el caso tuvo que ser analizado por las autoridades provinciales, que en abril del año pasado terminaron reconociendo por primera vez el derecho del niño a una “triple filiación”.
Si bien la legislación civil de nuestro país al referirse al vínculo filial da por sentado su conformación por dos personas, lo cierto es que tampoco limita la cantidad de integrantes ni prohibe expresamente una triple filiación.
Fue en este marco que el Registro Provincial de las Personas otorgó a Antonio su partida de nacimiento reconociéndolo como hijo de Susana, Valeria y Hernán.
“Al nacer, Antonio fue inscripto con los dos apellidos de sus madres, pero cuando esta familia nos acercó el pedido, entendimos, al igual que ella, que el bebé tenía derecho a que su realidad familiar fuera respetada y a ser reconocido como hijo de sus dos mamás y de su papá, sin que ninguno tuviera que resignar derechos y obligaciones”, explicaban las entonces autoridades del Registro Provincial.
Aun cuando no había antecedentes de este tipo de reconocimiento en ningún país de América Latina antes del caso de Antonio, se entendió que “la realidad familiar merece la protección, tutela y amparo del Estado”.
Entre los fundamentos de la decisión se ponía de manifiesto que el papá del pequeño no renunció en ningún momento a su derecho a reclamar la filiación en el marco del procedimiento de fertilización asistida y aún más, expresó libremente que es padre biológico y que comparte el interés superior del niño, que también persiguen Susana y Valeria, sus dos mamás.
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